samedi 16 mai 2020

jeudi 23 novembre 2017

La divergencia del futuro


La divergencia del futuro
Las explicaciones que Darwin dio en su día sobre los procesos de adaptación y selección natural son insuficientes para dar cuenta de la complejidad del mundo actual, donde el peso de las rupturas y discontinuidades es esencial
https://elpais.com/elpais/2017/08/30/opinion/1504118222_357053.html


Cuando observamos la infinita diversidad de formas de vida que abundan en la flora y en la fauna, descubrimos cuán extraños, surrealistas, oscuros, imaginativos e incluso contradictorios son los fenómenos que se dan en la naturaleza. No hay que sorprenderse mucho si, entre todos los animales, son los hombres los que son capaces de tener las ideas más audaces para poder disponer del medio ambiente e, incluso, para modificar la evolución de su propia especie. La ética constituye así la mayor divergencia que tenemos para modificar nuestro destino. En términos universales puede parecer un detalle marginal, aun cuando lo llevemos con orgullo, pues es algo que no parece manifestarse en ninguna otra especie, ni en la naturaleza en general. De esta no estudiamos más que su evolución astrofísica, geológica y biológica, desde luego fabulosa pero amoral. Pero esa voluntad ética que consigue transformar nuestra evolución es una decisión exclusivamente humana, “antinatural” diría Darwin, pues protegemos a los débiles y ayudamos a los moribundos frente a la dura ley del más poderoso que domina la evolución. Asumimos el riesgo que deriva de nuestra empatía y solidaridad y tomamos el juego de cartas de la naturaleza para distribuirlo nosotros mismos con el objetivo de obtener, probando todas las combinaciones posibles, un estatus sobrenatural. Seremos dioses es el título de un libro mío.
No se puede explicar el genio creativo de Velázquez o de Don Quijote con la teoría darwinista de la selección natural. Tampoco el de Van Gogh o el de Antonin Artaud: su audacia los terminó aislando como artistas malditos y los condujo al asilo psiquiátrico y a la miseria. Tampoco se podría explicar la invención de la relatividad por Einstein o la de la mecánica cuántica por Niels Bohr. Y menos aún la emergencia de las tecnologías digitales. Los conceptos de Darwin no consiguen dar cuenta de estas innovaciones, que tienen una importancia evolutiva mayor para nuestra especie.
Resulta evidente que existe en la naturaleza, incluyendo en la naturaleza humana, un instinto de creación que procede por ruptura y que asume el riesgo de hacerlo así. Y, a pesar de que no es fácil demostrar su existencia, la afirmamos porque sus efectos son indudables. Las mayores ideas que han aparecido en la historia humana, son las que producen divergencias.
Protegemos a los débiles y ayudamos a los moribundos frente a la dura ley del más poderoso
El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, publicado en 1859, marcó una formidable ruptura —una divergencia— frente a las creencias que dominaban entonces Occidente, cuando el creacionismo bíblico constituía la teología oficial del cristianismo. Pero hecho este homenaje, conviene constatar también que esta teoría de la evolución por adaptación y selección natural, que sigue siendo fundamental para comprender la evolución de los reinos animales y vegetales, no permite explicar las rupturas que se producen en la evolución en general. La actual observación de la fauna y la floranos nos obliga a reconocer que las adaptaciones por la selección natural solo son un proceso secundario de las especies. Lo que Darwin puso magistralmente en evidencia ya no consigue explicar las divergencias radicales de las que proceden hoy la multitud de fenómenos existentes. Observamos tales diferencias, tales incompatibilidades, tales contrastes, incluso tales contradicciones, entre los medios de vida, los géneros y las especies que es impensable atribuir semejantes procesos de evolución a la ley de Darwin. Sabemos que el stress del medio ambiente crea aceleraciones evolutivas estimulando las mutaciones. Pero no se trata de la transmisión a posteriori de caracteres adquiridos —decisivos en esta infinita diversificación de las especies—, ni de la novedad de las mutaciones posibles por saltos y diferencias creadoras. Son esas divergencias las que llaman la atención de los biólogos. Hay en la naturaleza, desde ahora en adelante, una fuerza de creación que nada tiene que ver con un dios. Está inscrita en el potencial de la naturaleza como motor de vida; esta voluntad-mundo explora y vuelve a combinar sin límites el alfabeto de la vida para crear otros escenarios biológicos.
No podría dar obviamente una prueba científica de lo que yo afirmo. Pero una diversidad tan grande, por su propia existencia, favoreece la potencialidad de la divergencia de la naturaleza. La ley de la divergencia se toma hoy cada vez más en cuenta en la física; se impone también en biología y en las evoluciones sociales. El darwinismo estaba inscrito en el comportamiento lineal. Los procesos de divergencia se comportan en cambio como arabescos, como hemos constatado notablemente en las mutaciones virales y celulares que complican considerablemente las investigaciones de la medicina.
La evolución humana ha conocido numerosas repeticiones, adaptaciones y selecciones naturales
La evolución humana ha conocido numerosas repeticiones, adaptaciones y selecciones naturales. Se ha puesto en evidencia en el pasado que de la existencia de dos especies humanas, solo una ha sobrevivido. Pero sería muy difícil explicar el diferencial que ha crecido exponencialmente entre “nosotros” y las demás especies animales sólo por la selección natural y la transmisión de caracteres adquiridos. No cabe duda de que varias especies animales utilizan, como nosotros, herramientas a veces de manera asombrosa. El castor crea andamios sofisticados; las hormigas y las abejas, sociedades emprendedoras y trabajadoras; podríamos citar miles de ejemplos que contradicen la diferencia supuestamente radical entre el hombre y el animal, afirmada de manera errónea por tantos filósofos y antropólogos célebres, pero antropocentristas. En el caso concreto de la especie humana la divergencia es inevitable, permanente y espectacular. Y esta es desde ahora en adelante todo lo contrario de la ley darwiniana: el hombre que evoluciona en función de sus propios proyectos, sus saltos y rupturas, incluso sus locuras, crea su ecosistema y trasforma la tierra, hasta el punto de que los científicos hablan del Antropoceno para nombrar nuestra época.
El darwinismo no es falso; está científicamente demostrado, pero es insuficiente. Es un elemento parcial de explicación de la evolución. Frente a los actuales escenarios de la naturaleza, es necesario pasar de una ley de la adaptación a una ley de la divergencia, que no puede demostrarse desde la observación, pero que se impone a la vista del conjunto de las vías creativas y contradictoras que explora la naturaleza.
La divergencia no tiene que ver solo con las especies vivas. Se encuentra regularmente también en las leyes físicas de la naturaleza. Tomemos un ejemplo cotidiano: el paso del agua del estado líquido al estado gaseoso o sólido. Es fruto de variaciones de los lazos químicos entre las moléculas de agua, por discontinuidad, ruptura o divergencia.
La divergencia es una ley fundamental de la naturaleza mucho mas importante que la ley darwinista de la adaptación y selección natural.
Hervé Fischer es artista y filósofo. El Centro Pompidou de París ha clausurado hace poco una retrospectiva de su obra.


mardi 24 mars 2015

La nature est-elle numérique?


tweet art et photo, 2011-2015

Manifestement la métaphore actuelle de la nature est celle du numérisme, comme elle l'a été dans le passé celle des esprits, de la providence ou de la mécanique. Ces grandes métaphores cosmogoniques ont chacune leur temps. Elles se succèdent tout en persistant dans l'inconscient collectif des sociétés. La métaphore numérique n'est plus celle de la mère (la nature), ni du père (Dieu), mais celle des fils (l'Homme), qui prend en charge son interprétation, son instrumentalisation, mais aussi sa préservation écologique (dans les meilleurs cas...) 

samedi 7 juin 2014

Les formes construites de la sensibilité



Les "formes a priori de la sensibilité" énoncées par Kant dans "Le jugement esthétique" sont de inventions idéologiques propres à son temps. Il avait pris pour innée des structures de l'espace temps occidental classique, totalement inappropriées pour d'autres sociétés, d'autres cultures d'autres époques, qu'elles soient indigènes africaines, chinoise classiques ou aujourd'hui numériques. L'espace se dilue, le temps s'impose, les liens numériques imposent la sensibilité en arabesque, comme j'ai pu parler de la pensée en arabesque (La planète hyper, vlb, 2003).

jeudi 22 mai 2014

Les algorithmes de la nature


Nous interprétons désormais le monde non plus à partir du couple matière/énergie, mais selon des algorithmes, comme si l’univers et la vie étaient d’immenses hypertextes dont nous explorons les liens qui configurent des phénomènes, des lois, des dynamiques et des inerties.
Et dans cet ensemble qui nous englobe, tout est devenu information : des informations que nous déchiffrons, des informations que nous constituons et des informations que nous associons de façon inédite.
Pourquoi alors nous étonner encore des fleurs naturelles colorées artificiellement comme des cornets de crème glacée, des maquillages en tous genres, des lèvres noires ou violettes, des faux ongles, des faux cils, des perruques ou des faux seins. Nous fabriquons aussi bien du sérum et du sang artificiels, des os et de la peau de synthèse, des aortes et des cœurs en plastique, que des textiles en fibre de lait pour les gilets pare-balles, des alliages ultralégers et performants pour l’aéronautique. Nous manipulons les gènes, les chromosomes et les cellules souches. Avec la chirurgie esthétique un énorme marché est apparu, tant sont nombreuses les femmes qui se font remodeler le corps selon les critères esthétiques à la mode. Les opérations de cataracte consistent désormais à implanter des cristallins de plastique dans les yeux.  Nous prétendons ajouter dans les crèmes de beauté des nano particules de tout ce qui peut séduire les consommatrices, et que les prospectus publicitaires déclarent rajeunissants, bioénergétiques, en quelque sorte «magiques».
Le vivant, le réel et l’artificiel se déclinent désormais sans discontinuité, sans  frontière discernable, selon tous les algorithmes des industries militaires, agroalimentaires, manufacturières et culturelles que nous décidons de programmer. C’est ce que j’ai appelé le «nouveau naturalisme». Nous travaillons même dans les laboratoires à synthétiser la vie. Les mutations les plus emblématiques de cette hybridation entre ce que nous nommions il y a encore peu de temps «le réel» et opposions à «l’artificiel» sont certainement celles qui transforment le vivant. Elles transgressent des conceptions et des valeurs qui relevaient de croyances religieuses. Elles s’imposent rapidement, même s’il existe encore des sectes archaïsantes, telles que les Amish qui s’en tiennent à «la vielle nature» et interdisent même les bicyclettes, voire qui refusent les vaccinations et les médicaments industrialisés.
Nous pouvons alors qualifier de «nouvelle nature» cet arrimage étroit dans lequel les éléments dits artificiels, interventions, implants, ajouts, hybridations et synthèses prétendent s’intégrer en douceur à la nature dite originelle, comme une valeur ajoutée et non comme une négation.
Il existe aussi dans l’utopie technoscientifique actuelle une tendance à déclarer obsolète l’écosystème dit naturel, pour lui substituer une combinaison nouvelle, qui relèverait non plus du carbone, mais du silicium et de l’intelligence artificielle. Le cyborg en est la figure cinématographique. Mi chair mi artifice, ce successeur anthropologique de l’homme actuel, doté de nouveaux pouvoirs, nous ferait passer dans une ère totalement artificielle, où la valeur de l’authentique perdrait tout sens et toute réalité, si non pour désigner une lointaine période archaïque de l’évolution humaine.
Nous serions alors des êtres de synthèse dans un univers de synthèse. La «vieille nature» aurait disparu,  ou serait classée «réserve naturelle»,  comme dans «Le meilleur des mondes» d’Aldous Huxley, et peut-être gardée secrète, comme dans le film «Soleil vert» de Richard Fleischer, inspiré du roman éponyme de Harry Harrison (1974). Nous ne serions même plus «biodégradables», comme l’imagine encore le film éponyme du réalisateur de République dominicaine Juan Basanta (2013).
Nous devenons des dieux, ni meilleurs, ni pires que ceux de l'Olympe. Et c'est là une étape qu'il nous faudra dépasser, au niveau de l'éthique.

Le monde est devenu plastique



Le monde est devenu plastique, au sens de la plasticité de la matière et des formes, et même du vivant. Les cellules souches sont capables de se spécialiser dans toutes les fonctions biologiques de tous les organes du corps ; nous admettons désormais la plasticité du cerveau, au sens de sa capacité à évoluer et à se réparer lui-même. Tout ce que nous savons désormais de l’infiniment petit, de l’infiniment lointain, de la génétique du vivant, de la matière et de l’énergie est constitué de fichiers numériques que nous affichons en fausses couleurs sur des écrans de plasma. La science contemporaine est devenue digitale. Nous ne pouvons plus parler du plastique comme d’un matériau particulier parce que synthétique, que nous opposerions à des matériaux appelés naturels et qualifiés d’authentiques. Les matériaux qui font argument de vente de leur «naturalité» (glaise, osier, bois, pierre, fer) évoquent une authenticité archaïsante et sont de plus en plus réservés à l’artisanat. Tous les autres matériaux, sont devenus hybrides, trafiqués pour adapter leur spécificités à nos besoins. Même le verre, un matériau qui préfigure en quelque sorte le plastique, du fait de sa plasticité lorsqu’il est chauffé pour être soufflé ou coulé, et de sa texture lisse et pauvre, a été depuis toujours teinté par des pigments et ennobli par des effets spéciaux de forme et de couleur, comme le plastique aujourd’hui. Le plastique est synthétisé à partir d’un matériau réel et d'origine biologique, le pétrole. Il n’échappe pas à la liste des éléments premiers du tableau de Mendeleïev. Il n’y a rien dans l’univers qui ne puisse être constitué d’éléments qui seraient artificiels ou non naturels. Et la nature nous démontre spectaculairement qu’elle a elle-même synthétisé des milliards de combinaisons chimiques stables. Ce que nous appelons le plastique, que nous avons tendance à considérer comme une invention récente et emblématique du pouvoir instrumental que nous développons, est en fait représentatif des processus mêmes de la nature. Et notre pouvoir créatif a été démultiplié par l’émergence des technologies numériques et des combinatoires nouvelles qu’elles nous permettent de fabriquer.

dimanche 27 avril 2014

Dans le numérique comme le noyau dans la cerise



Contrairement aux autres petits de mammifères, l'humain ne sera généralement pas capable de se mettre debout et de marcher avant un an après l'accouchement, soit une période plus longue que les neuf mois de sa gestation fœtale. Cette particularité a les plus grandes conséquences. L'humain demeure longtemps inachevé après la naissance pendant sa vie post-fœtale.
J'ai souligné que cet inachèvement de longue durée crée chez l'in-fans un sentiment d'impuissance et une frustration grandissante, et qu'il y réagira en développant à l'opposé. dès qu'il pourra se tenir debout, un désir de puissance: Prométhée, qu'il faut ajouter au couple freudien d’Éros et Thanatos (CyberProméthée, l'instinct de puissance, vlb édition, 2002).
Il faut aussi prendre en considération la simultanéité, en ses débuts confusément mêlée, de la naissance de son corps et de celle du monde qui vient à lui. Elle se traduit par l'inachèvement indistinct du corps du petit humain et du monde qui naît autour de lui. On parlera donc à ce stade de l'inachèvement conjoint de la naissance du petit d'homme et du monde. Cette simultanéité du développement prend dans la conscience en formation du petit humain les mêmes traits ego centrés, anthropomorphiques et fabulatoires. La naissance du monde relève des mêmes interprétations émotionnelles de satisfactions et de manques,de désirs et de peurs, de plaisirs et de souffrances. Leur intelligence est confondue entre la corporéité de l'humain qui se complète et la matérialité du monde qui se forme. Rien n'y est rationnel.Tout y est quête biologique de la satisfaction corporelle. C'est l'instinct de vie et de survie qui règne. Toutes ces images, leur syntaxe et les pouvoirs de leurs acteurs relèvent de la structuration du carré parental dans le psychisme plastique de l'enfant. Et ces images et structures in-nées (générées au cours de la naissance) sont là pour s'inscrire dans la conscience pratique autant que dans l'imaginaire de l'humain pour toute sa vie, comme un mode de penser et d'imaginer naturel, évident, familial/familier.
C'est dans cette conscience et ce psychisme en émergence que se situe l'origine biologique et la gestation socio-familiale des mythes. Il ne faut surtout pas les chercher ailleurs, dans je ne sais quel mystère éternel qui nous dépasse et nous surplombe, comme l'a fait la psychanalyse jungienne. Il ne faut pas en rajouter dans la fabulation, en inventant des archétypes ou des dieux! Ce qui peut donner cette impression d'éternité ou de permanence, c'est seulement l'éternelle répétition biologique de la naissance et du carré parental pour chacun de nous, génération après génération, universellement quelles que soient la diversité des sociogenèses de la psyché selon les époques et les cultures.
Ce qu'il faut retenir, c'est le lien indissociable entre la naissance de l'humain et du monde, leur unité originelle et leur gestation conjointe pendant près d'un an de vie post-natale.
C'est au terme de ce premier cycle du développement que le petit d'homme aura la conscience distincte de s'approprier son propre corps, auquel il va s'identifier, et de se séparer du monde extérieur qu'il conçoit comme un contenant de sa vie, étranger étranger à lui-même, qu'il va continuer à interpréter de façon tantôt  utilitariste, tantôt  fabulatoire.
Et il n'est pas étonnant de constater conséquemment que le monde virtuel, le cybermonde numérique que nous secrétons avec nos algorithmes, est beaucoup plus proche, intime de l'humain que le monde réel, qui nous semble beaucoup plus différent de nous et que nous percevons comme distant, étranger et inattentif à nous. Certes le cybermonde est  instrumental et utilitaire, mais il est beaucoup moins hétérogène à l'humain que le monde réel. Il lui colle à la peau, il répond sans effort à ses désirs et à ses craintes, il satisfait directement ses instincts, Éros, Thanatos et Prométhée. Il est beaucoup plus fabulatoire que le monde réel. Ou, en d'autres termes, paradoxalement beaucoup plus réel imaginairement pour nous que le monde réel physique dont nous subissons les résistances, les frustrations et la méconnaissance. Cette irréalité attribuée au monde virtuel dans le langage courant constitue paradoxalement une intimité psychique de l'humain.
D'où son succès: voilà un monde pensé et créé à notre image, par et pour nous, modifiable selon nos fantasmes et notre instinct de puissance, érogène et vital, dans lequel nous pouvons nous identifier. Nous n'y sommes pas un accident du hasard anecdotique et étranger au monde, comme nous voyait Jacques Monod dans l'univers que découvre la science. Nous sommes au cœur, au centre du monde virtuel, comme l'escargot dans sa coquille, comme la tortue dans sa carapace, comme le noyau dans la cerise.

samedi 26 avril 2014

Nouveau naturalisme



Face au triomphe du virtuel, vers lequel nous tendons à migrer comme des volées de perroquets, il nous faut revaloriser le réel. Il comporte trop de souffrances pour n’être qu’une illusion négligeable face à une virtualité euphorisante et conséquemment de plus en plus dominante dont il demeure pourtant, quoique on veuille, le fondement nécessaire et indéniable.
Nous avons délaissé progressivement à l’époque de la Renaissance en Occident le symbolisme magique et religieux pour nous lancer dans la conquête du réel. Nous avons inventé le réalisme de l’espace géométrique, des visages, des ombres et de la couleur locale. Nous avons réactivé le rationalisme inventé par les Grecs anciens. Nous avons créé l’humanisme. Nous avons construit des machines pour transformer le monde, nous avons valorisé le travail, l’observation et la science expérimentale, célébré l’individualisme, osé l’athéisme et survalorisé le réel par rapport à l’ailleurs divin qui dominait les siècles précédents. Cette célébration du réel a duré un demi-millénaire. Jusqu’à ce que la science du XXe siècle, par un développement paradoxal qui renouait avec le symbolisme de jadis, dématérialise ses objets d’étude, les construise en fichiers numériques, et que tout un chacun se jette dans un monde virtuel, plus intelligent, plus instrumental, plus prometteur, et plus doux aux mains que la dure réalité.
Avec cette nouvelle déclinaison idéaliste d’un monde supérieur, nous avons renvoyé la réalité dans les profondeurs de la sombre caverne que décrivait Platon, dans ses chaînes, ses illusions, ses bas-fonds trompeurs. L’intelligence supérieure des eidos  - disons aujourd’hui des algorithmes - se situe désormais dans la lumière bleutée de nos écrans cathodiques.
Mais ce n’est là qu’une réactivation du mythe platonicien, qui comporte ses vertus incontestables, mais aussi ses illusions, tout aussi indéniables. Pourquoi l’humanité bascule-t-elle toujours d’un pôle à l’autre, d’ici-bas vers un Dieu transcendantal, puis de ce Dieu vers la réalité matérielle, puis à nouveau de cette réalité soudain jugée insuffisante vers un ailleurs, cette fois numérique ?
Le réel n’est pas obsolète. Nous ne devrions pas nous laisser hypnotiser par le virtuel aujourd’hui, comme jadis par le ciel divin. Nous ne devrions pas en attendre tout. Répéterons-nous toujours, de siècle en siècle, cette même erreur de chercher dans un ailleurs ce dont nous croyons manquer dans le réel, ou pour échapper à ce qui nous y frustre - le travail, la souffrance, la mort, l'impuissance -, sans en estimer justement les vertus, les plaisirs et les responsabilités morales. Répéterons-nous toujours les mêmes aliénations, au point de perdre notre capacité à jouir de la réalité dont nous avons le privilège exorbitant ici-bas. Nous tombons de croyance en croyance dans le miroir aux alouettes, nous lâchons la proie pour l'ombre. Nous prenons-ainsi le risque de grandes souffrances. Le dolorisme du christianisme ne semble pas avoir encore contaminé le virtuel numérique, mais toute dépendance est porteuse de souffrance et de dérives tragiques. Le virtuel n’est pas seulement un espace programmatique. Il devient vite aussi une drogue puissante. Même si nous ne savons pas ce qu’est le réel, du moins savons-nous que le réel demeure nécessairement le roc de toute fondation.
Il serait d'un grand avantage pour nous de ne pas prendre le numérique pour l'Esprit Saint, ni pour un opium et d’établir plus lucidement un équilibre moins schizophrénique entre le réalisme et le numérisme. Je ne propose pas de dévaloriser le virtuel, ni de mépriser sa magie, mais d’exercer nos capacités de fascination critique plus lucidement face à l’attraction que nous en ressentons.
Le réel demeure incontestablement plus surprenant, plus mystérieux que le monde virtuel, et ce n’est pas peu dire. Plutôt que de les opposer, nous gagnerons beaucoup à conjuguer le réel et le virtuel, ou, comme on voudra dire, le naturel et l’artificiel, comme deux mythes qui se complètent nécessairement, jusqu’à créer une nouvelle réalité où nous allons vivre désormais, un nouveau naturalisme à explorer pour les artistes et les philosophes, car il ne sera plus jamais le même. Nouveau bien qu’il ressemble plus à celui des sociétés que nous avons appelées «primitives» qu’au réalisme que nous avons inventé à la Renaissance et que nous appelions encore tout récemment «la modernité».   

On ne saurait échapper aux mythes, qui structurent et imagent notre pensée. Mais il faut choisir les bons mythes, porteurs d’espoirs ici-bas, et repousser les mythes destructeurs. Quant à moi, ne me suis-je pas déjà laissé contaminer par les vertus magiques, mais aussi par les vapeurs toxiques du numérique ? 

samedi 8 février 2014



Le réel demeure incontestablement plus surprenant, plus mystérieux que le monde virtuel que nous bricolons. Plutôt que de les opposer, nous gagnerons beaucoup à conjuguer le réel et le virtuel comme deux mythes qui se complètent nécessairement, jusqu’à créer une nouvelle réalité où nous allons vivre désormais. Un nouveau naturalisme à explorer pour les artistes et les philosophes, car il ne sera plus jamais le même. Nouveau bien qu’il ressemble plus à celui des sociétés que nous avons appelées «primitives» qu’au réalisme que nous avons inventé à la Renaissance et que nous appelions encore tout récemment «la modernité».   

jeudi 30 janvier 2014

la magie religieuse



Il n’y a pas de magie sans religion, ni réciproquement. Le numérique est chargé d’un mana primitif ou  d'une aura virtuelle, qui réactivent nos mythes les plus archaïques et les plus puissants de création. Avec ces croyances et à leur appui, nous avons réactivé les délices et les affres d'une sorcellerie dont nos plus puissants chamans n'auraient pas osé rêver il y a à peine une génération. Lorsque nous buvons la potion numérique, nous pouvons désormais sans difficulté évoquer l'ailleurs, invoquer l'au-delà du virtuel, nous prendre pour un autre, assouvir nos pulsions, pénétrer dans des mondes oniriques capables de compenser toutes nos frustrations terrestres. Et nous pouvons même harceler nos victimes sur les réseaux numériques et les détruire, ou y célébrer et diviniser nos héros, stars et demi-dieux du sport ou du showbiz.
Cette nouvelle sorcellerie n’est plus celle d’individus exceptionnels, des chamans intercesseurs entre nous et le surnaturel. Elle est une production de l’industrie. Elle use d’une autre technologie que les magiciens, d’autres procédures et d’autres rituels, mais en quelque sorte elle est devenue une technoscience objective, à laquelle tous peuvent se faire initier, dont tous sont susceptibles de se servir. Elle vise aussi à une forme de connaissance, de pouvoir, mais elle a d’autres visées que la sorcellerie traditionnelle : des utilités, la gestion et le contrôle, le divertissement. Elle ne nous transporte pas tant du réel dans l’invisible, que du réel dans le possible. Elle survalorisait l’invisible. Aujourd’hui elle survalorise le possible. Elle nous permettait de communiquer avec l’invisible. Désormais elle modélise le possible. Nous ne croyons plus à l’ancienne sorcellerie, dont nous démystifions les illusions. Nous croyons à la nouvelle, qui nous mystifie.  Nous dénonçons les superstitions de l’ancienne. Nous croyons à l’efficacité réelle de la nouvelle.

Comment allons-nous nous adapter à ce nouvel âge du numérique? Les ingénus nous voient déjà en posthumains, voire en cyborgs. On peut même craindre que cette nouvelle pensée magique ne nous ramène à l'obscurantisme, tant la sorcellerie numérique dépasse en puissance et en imagination la magie primitive, somme toute limitée et aujourd’hui tenue pour obsolète. Il y a toutes sortes de magies numériques qui sont malignes.  Nous devons apprendre à les repérer et à nous en protéger en les démystifiant. Il y en a tout autant ou davantage qui sont bienfaisantes.  Nous allons donc nous employer à en évoquer les merveilles. Nous n’avons certes aucune raison d’en bouder les plaisirs. Mais toutes les raisons aussi de ne pas succomber naïvement à des illusions. Car la lucidité conduira l’humanité plus loin dans son évolution que la magie.

jeudi 23 janvier 2014

La poubelle du numérique




On a souvent souligné que les nouvelles technologies sont beaucoup moins menaçantes pour l’environnement que les anciennes, qui étaient basées sur les ressources naturelles, l’énergie et les mines, et terriblement polluantes. L’esprit du temps aussi a changé, en raison de l’urgence créée par les bouleversements climatiques. Une encyclopédie participative Ekopedia, déjà en dix langues, tend à recenser et mettre en ligne les problématiques et les solutions écologiques auxquelles nous devrions tous prêter attention. Les communications par ordinateur, incluant la publicité, les informations, les documents de travail, les courriels privés, et maintenant la généralisation électronique des billets d'avion, factures, déclarations d’impôts, etc. tendent à réduire l’utilisation du papier et contribuent à préserver des forêts. La publicité des manufacturiers canadiens nous montre des images emblématiques d’usagers d’ordinateur portable sur un ponton au bord d’un lac aux eaux pures. Et il convient de souligner ce que les industries douces de l’environnement doivent au numérique. On ne conçoit plus l’écologie sans l’imagerie scientifique numérique, qu'il s'agisse de la détection des variations de l’ozone, des relevés par satellite des densités de plancton dans les océans, des modélisations, des simulations, des capteurs fins de pollution dans l’air, etc. qui seraient impensables sans les ordinateurs et les logiciels sophistiqués auxquels on recourt désormais quotidiennement. Nous usons d’algorithmes écologiques, par exemple pour suivre l’évolution de la biodiversité et évaluer les impacts conjugués des divers paramètres humains, biologiques, météorologiques. Ainsi, la société Double Helix Tracking Technologies a mis au point un appareil à séquencer l’ADN des végétaux, qui lui permet de retracer l’origine des arbres qui sont exploités dans l’industrie du bois. Non seulement chaque espèce d’arbre a-t-elle une ADN distincte, mais les variantes d’origine géographique s’y déchiffrent comme dans les codes postaux. Cela permet donc de repérer les bois venant de coupes forestières illégales, qui représentent un arbre sur cinq de l’industrie forestière mondiale. Un chiffre énorme de 30 des 150 milliards du chiffre d’affaire annuel, contrôlé par le crime organisé, et pour l’écologie planétaire, l’équivalent chaque année de la surface de l’Irlande en déforestation illégale. Les technologies numériques, qui permettent cette détection infalsifiable, vont devenir de plus en plus efficaces et bon marché. Non seulement elles sont douces, mais elles nous aideront à protéger les écosystèmes fragiles de la nature. À cet égard, le rapport traditionnellement conflictuel entre technologie et nature s’est en partie inversé.
Mais peut-on parler pour autant d’électronique verte? Certes, nous usons de thermostats pour mieux contrôler nos usages énergétiques. Mais s’il est vrai que quinze ordinateurs fonctionnant en même temps, ou que nous avons l’habitude de laisser ouverts, créent autant de gaz à effet de serre qu’une voiture, comme le souligne la publicité d’un logiciel qui prétend contribuer à sauver la planète. Nous allons certes devoir changer nos habitudes laxistes en éteignant les ordinateurs inactifs. Déjà Google a décidé de se mettre au vert et d'investir dans les énergies renouvelables en soulignant qu'il était gros consommateur d'électricité avec ses multiples serveurs géants." Les quantités d'énergie que les ordinateurs consomment dans le monde sont énormes. Notre but est de les réduire ", selon Nelson Mattos, vice-président de la recherche et développement pour l'Europe chez Google.
Mais il y a bien pire : selon le Programme des Nations Unies pour l’Environnement (PNUE) nous produisons entre 20 et 50 millions de tonnes de déchets électroniques chaque année dans le monde. Nos sites d’enfouissement s’emplissent désormais de téléviseurs, ordinateurs, et téléphones cellulaires, batteries, etc. que nous mettons au rebut, ce qui constitue une pollution électronique exponentielle et encore plus menaçante lorsque ces déchets sont incinérés. On a pu estimer que nous rejetons quelques 15 kg par personne et par an de déchets électroniques toxiques, non biodégradables, notamment du plastique, du plomb, du cuivre et du cadmium. Selon le Rapport de la convention de Bâle (Programme des Nations Unies pour l’Environnement de 2011), le Ghana est devenu le champion africain du recyclage des déchets électroniques, dont il a fait une véritable industrie, assurant un salaire à quelque 30.000 personnes. Le Nigéria est le deuxième pays importateur de déchets électroniques, notamment d’Europe, pour les retraiter localement. Etonnant paradoxe de la fracture numérique! Mais il faut faire aussi la part du recyclage des appareils électroniques remis sur le marché africain. Ainsi, le rapport du PNUD souligne qu’à Lagos,  on compte plus de cinq mille petites entreprises, employant 15.000 ouvriers pour donner une nouvelle vie aux vieux ordinateurs et téléphones cellulaires. Une question demeure entière : celle des conditions de sécurité de retraitement et de recyclage, qui font souvent défaut (Forum de Nairobi de 2012).
La corbeille de nos écrans d’ordinateur ne reçoit que les fichiers dont nous voulons nous débarrasser. Malheureusement, il y a des pays-poubelle pour les déchets électroniques eux-mêmes. Un pays comme la Chine, devenu principal manufacturier de ces équipements électroniques, a pris conscience du danger et propose aussi de récupérer tous ces déchets, rapatriés des pays clients, pour les recycler, notamment à Guyu, mais au prix de graves menaces pour la santé des ouvriers qui sont soumis aux émanations de ces matières toxiques. L’usage de plus en plus répandu de batteries, qui vont aussi être utilisées pour les voitures hybrides, augmente le défi. Le droit international oblige désormais théoriquement chaque pays à traiter ses déchets dangereux sur son propre territoire.
Nous allons devoir donner une attention particulière à ces problèmes nouveaux, développer des ordinateurs biodégradables – ils coûteraient actuellement des prix irréalistes -, apprendre à contrôler la récupération des composants polluants comme nous récupérons les papiers, le fer et le verre, apprendre à recycler ces équipements, notamment à des fins éducatives et de développement dans les pays démunis. « Consommer et jeter », l’axiome du capitalisme dit évolué, est devenu à l’âge du numérique une lourde menace écologique. C’est donc aussi un problème d’éducation et de gestion. Des organismes internationaux ont entrepris de vastes campagnes de conscientisation, notamment Greenpeace. L’Europe, qui produit déjà annuellement quelques six millions de tonnes de déchets électroniques par an, a légiféré. Mais ses directives écologiques sont mal respectées. L’Amérique du Nord est, à cet égard, encore plus en retard que l’Europe. Au Canada, Duncan Bury, du Bureau national de la prévention de la pollution, d’Environnement Canada soulignait en 2008 que « nous devons nous attaquer à ce type de risque environnemental qui, bien entendu, n’existait pas il y a dix ans ». Il ajoutait qu’ « au Canada, selon nos estimations, quelque 158 000 tonnes de déchets électroniques sont éliminées chaque année.  Si rien n’est fait, nous verrons ce chiffre grimper continuellement, compte tenu des durées de vie du matériel et de l’arrivée constante de nouvelles applications, de plus grande ampleur ». Plusieurs organismes de lutte contre la pollution électronique existent au Canada, notamment Electronics Product Stewardship Canada (EPS Canada).

L’UNESCO a institué en 2007 un prix consacré aux arts numériques traitant de l’écologie. L’Observatoire Leonardo pour l’art, la technologie et la science (OLATS) s’intéresse aux thèmes du climat et soutient la diffusion du travail d’artistes numériques travaillant sur des thèmes écologiques. Admettons que ces artistes sont encore peu nombreux. Les beaux paysages ne traitent pas la question. C’est donc un champ nouveau de création artistique qu’il faut envisager. Mais si nous doutions de notre migration corps et âme dans le virtuel, il faut rappeler que le monde réel est devenu la poubelle du numérique. Et cela n’est pas prêt de changer.

lundi 13 mai 2013

Le poète numérique (d'après Paul Verlaine)




Le web est par-dessus la Terre


Le web est, par-dessus la Terre
Si bleu, si vaste
Un  lien, par-dessus la toile
S’étire là-bas.

Un tweet, comme un rond de fumée
Monte dans l’azur
Un blogue, comme une légère vapeur
Revient vers toi

Dis-moi ! Dis-moi quel algorithme
Pourra créer
Dans le flux des réseaux sociaux
Ta liberté ?

Et n’espères-tu rien d’ici-bas,
Cherchant sans cesse
Un bonheur numérique d’écran
Cathodique ?

(Paul Verlaine numérisé)

samedi 11 mai 2013

11 mai 2013, jour de pluie


La journée sera pluvieuse. Pas de bicyclette aujourd'hui. J'irai au cinéma et revoir l'exposition sur l'or du Pérou.

vendredi 10 mai 2013

poésie numérique de la nature

                     


                      Le numérique sauvage 
         qui remontait
                                                                              des profondeurs du web
                      n'est plus ce soir
                      à marée descendante
                      qu'un léger clapotis

jeudi 9 mai 2013

Les algorithmes noirs

Au pied des algorithmes
noirs
que fouette l'océan
numérique
les algues brunes bleuissent
dans la lumière des écrans
cathodiques

lundi 6 mai 2013

J'en fais partie


La nature est. J'en fais partie et je fabule. Y compris et de plus en plus numériquement.

mardi 12 mars 2013

Une nouvelle image du monde


               Astrophysique, 2013, peinture acrylique sur toile, 132x180cm

Nous affichons sur nos écrans cathodiques une nouvelle image du monde, en fichiers numériques traduits en couleurs saturées pour en augmenter la lisibilité. Notre regard évolue en conséquence autant que notre cerveau.